Empresa y Estado fomentan estudio y preservación de algas pardas

Con financiamiento estatal, sector privado realizó investigaciones para salvaguardar especie marina.

imagen alga parda

Mientras en muchos países el alga parda (Macrocysitis spp.) se utiliza para fines industriales, agropecuarios, alimenticios, médico-farmacológicos, restauración medioambiental y hasta en la producción de materia prima para la obtención de ficocoloides, en el Perú no existe una estrategia que garantice su sostenibilidad ni se tiene los conocimientos suficientes de sus enormes propiedades.

Esto que va más allá de la mera idea de acompañar cualquier plato marino que en el país lo hemos visto como costumbre, ha devenido en la sobreexplotación indiscriminada de las algas aprovechando en muchos casos, la falta de legislación al respecto. Hasta hace algunos años, la explotación y utilización de las algas pardas estuvo orientado a satisfacer la demanda de materias primas hacia China, Japón, Chile y Francia.

EN PELIGRO DE EXTINCIÓN
Dentro de este contexto, desde el año 2005, por la excesiva demanda principalmente de China, ingresaron empresas extranjeras asiáticas, quienes requerían de la materia prima disponible para sus plantas procesadoras. La demanda llegó a niveles tan altos, que los precios alcanzaron un incremento en menos de 12 meses de 300% promovido por estas empresas, generándose una sobreextracción de las praderas naturales, las cuales se vieron seriamente afectadas.

En ese contexto, es inspirador lo que la empresa Peruvian Seaweeds (PSW) y la Universidad Agraria La Molina están realizando en la bahía de San Nicolás, Marcona, en Ica con el cofinanciamiento del FINCyT. Gracias a una concesión que le ha hecho el Estado de 50 hectáreas, a un kilómetro y medio del litoral, la empresa se ha tomado el tiempo de cultivar bajo el agua, algas pardas, utilizando sólo una hectárea.
Paul Kradolfer, coordinador del proyecto, indicó que las algas fueron cultivadas durante 60 días en un laboratorio acondicionado para tal fin, y luego trasladadas al área concesionada donde se continúa con el cultivo.

A una línea, también conocida como cuerda, se sujetan cientos de cabezas de algas, que la empresa ha “sembrado”.  La primera cosecha ha sido más que fructífera y se seguirán extrayendo para fines industriales, es decir como aglutinante orgánico, pero de manera sostenida y “ecoamigable”.
Este aglutinante tiene un gran potencial comercial debido a que forma parte del alimento balanceado del camarón, fluctuando su precio entre 800 a 1200 dólares la tonelada (precio FOB). Acotó Kradolfer que el aglutinante de alga parda también puede ser utilizado para consumo humano en suplementos nutricionales.

Bajo el agua se aprecia un recargado bosque de plantas acuáticas. “Lo interesante de trabajar con algas en vez de otros recursos orgánicos, es la cantidad de productos con valor agregado que se pueden sacar. PSW ha desarrollado biotecnología con algas para producir fertilizantes y alimento para langostinos”, indica Gunter Villena, investigador de PSW.
Todo esto contribuyó a disminuir la sobreexplotación de las praderas naturales de algas, concientizando a los pescadores de la zona sobre su manejo. Sin embargo no fue una empresa sencilla. Como cualquier proyecto innovador, inicialmente hubo resistencia por parte de los trabajadores. “Tuvimos bastante resistencia por parte de la comunidad pesquera, no creían que el proyecto fuera a funcionar. Los pescadores depredaban por falta de conocimiento o por el dinero que las empresas extranjeras les ofrecían, sin preocuparse de lo que pasara después”, agregó Villena.

RIQUEZA POR DISTINTOS LUGARES
Como pocos países, la flora y fauna de la que goza el Perú no solo es única sino que las condiciones climáticas contribuyen a que el crecimiento se lleve de la mejor forma posible por la frialdad de sus aguas entre 10 a 15º Celsius. El alga parda que se extiende desde Marcona hasta Tacna se encuentra también en El Frontón (Lima) y en Naplo.     
Este es un ejemplo de lo que el sector privado con el apoyo del Estado puede hacer. Ampliar los estudios a través de una metodología válida que asegure la preservación de las algas a mar abierto, en este caso. Especialmente porque se trata de una especie marina que puede dar trabajo a muchos. Lo mismo que se viene haciendo en Chile, Brasil, Colombia y México.